miércoles, 8 de octubre de 2025

Los días de los días

 El clima seco del norte, el polvo por doquier, el aire que se aspira entre menor concentración y con un concentrado de concentrado, es el habitual panorama de las semanas que han de haber pasado, en las lejanías por el incesante palpitar de los sueños que un día se han de sentir reales. 

Mirando por la ventana, veía el calor fundirse en el infinito con el mismo suelo que ha de desprenderlo tiempo más tarde, manteniendo el pensar como un clima innato de lo que tanto nos rodeaba, así entre bombonas, caminatas, un par de cañerías, fuertes ruidos de máquinas giratorias, pesados días, otros eternos, el sin número de palabra se iban convirtiendo en el paso de día tras día, hasta un final que se volvería a repetir, trasando el año en semanas de alternativos andares, unos de ida y otros de vuelta. 

Mirando por la ventana, revisaba el cielo donde la luna avisaba de su próxima plenitud, alternando las cosas como ciclos, como el elocuente vaivén que un día se caería y volvería a pasearse por el firmamento, dejando el espectáculo del amanecer en la noche, tras la laguna donde los cerros eran divididos por las correas que llevaban el material más allá de los confines del mismo rajo, era un especial momento casi eterno, quizá los demás no lo miraban de la misma manera, pero mi parecer era un punto que quería verle, salir detrás de los cerros y culminar su andar finito por la negrura de aquellos frios puntos.

Miraba por la ventana el proceso del cual éramos partícipes, como actores incidentales-principales, que estaban por detrás, cuales tramoyas en el escenario, pero más que importantes en un proceso que necesitaba de nuestro apoyo. Así entonces nos convertimos en seres de allá, por distancias pero adyacentes al itinerario, el que nos consideraba como actores fundamentas, así como otros, estábamos en el punto de la verdad justo cuando era necesario estarlo. 

Así es como vivíamos.


No estamos en las sombras.
Cada día es un aprendizaje, valoro con el alma cada paso.