lunes, 2 de diciembre de 2024

 Despierto en un nuevo lugar, el clima cálido del contexto, el verdor de la mañana que ya imparable, proponía un nuevo día que vivir. Por la ventana los rayos efímeros de luz, a una velocidad casi infinita o inalcanzable por nuestra percepción, convertían las oscuridad en un potencial futuro que solo nos dejaba entrever paso a paso, el futuro que en cada segundo se iba cumpliendo, o como otros lo pensarían, se consumian, se quemaban. Al contrario de aquella intervención, el quemar los segundos, renueva la cualidad de darle sentido a cada uno, un paso, un cambio, una risa, un pensamiento, un beso, una interacción, un punto álgido, otro bajo, pero no un plano sin olas, no un mar sin montañas, sino un refugio a los recuerdos, vívidos momentos, algunos para recordar y otros, para olvidar. 

Así con la premisa del soplido matinal, el aliento de mi ser, se cobijó a tu lado, piel con piel, como nos extrañabamos desde hace tanto, nos fuimos perdurando, en un infinito cantar de voces, miradas, dichos y manos, aire y sudor, un poco de ti y un poco de mi, un poco más y otros muchos más, así en completitud, así en cada rebanada de nuestro tiempo, en cada porción de nuestro cielo, así tu y así yo, entre la quietud del tiempo, vifurcando lo que éramos para convertirnos en nosotros, en uno.

Continuó la mañana, manos apretadas, risas de placer, química y un cuanto de física, solo los dos, almas entrelazadas. El clima de mañana, soplaba afuera un nuevo sol que nos cubría, dijiste que querías salir, yo te quería entre mis brazos, más y más tiempo, así como en este instante donde escribo esto y donde tu, lo lees también, como un sentir universal, como un clamor del corazón y un fulgor de la verdad. 

Continuará...

No hay comentarios:

Publicar un comentario