martes, 20 de agosto de 2019

No será un número

Sucesos de poco sabido, han de pronunciarse delante de los siguientes amaneceres solares, el tiempo ha fluctuado entre la desdicha y la poca forma que estos han tomado. Aún cuando el propósito es calamidad, y las antípodas se han ido, es que se conocen los nuevos horizontes. Un día de aquellos en donde los viajes y los recuerdos han de volver, un día de prodigios poco especificados por ese "método" científico en construcción. Dicen que hay una palabra de dos letra que anteponiendose a cada nueva calamidad o a cada nueva prosperidad, ayuda esta a confrontar las tantas elucubraciones que en la mente humana han de aparecer.
Primero y con el mismo sentido que las agujas del reloj, es que el tiempo se consume, de a pedazos a veces, de a minutos en otras y de segundos eternos también, horas que no parecen nada dicen algunos, depende de esa palabra que hoy, entre malinterpretadas palabras y un poco de humor, fue nombrada, contexto. Distinguía entre esto y aquello, con poca noción de la realidad, pero con grandes aspiraciones en el futuro, dijeron que es seguro y nada pasará, ya se verá un día en las nuevas semanas venideras.

sábado, 3 de agosto de 2019

Drie

Un nuevo tinte desteñido por el tiempo tan real. Insignificante fue el cansancio, no había cabida en el día cuando desmenusado se convirtió en horas y minutos de realidad intensa, de nada, de un poco de revuelta a un poco de... Nada.
Y duele
Duele el alma como nunca había dolido
Duele de todo y duele de ser nada
Duelen los pies del frío y las manos de poco calor
Duelen los ojos llorosos
Duelen los brazos de no poder
Duele y duele tanto

Recostados sin tiempo
Recubiertos de cobijas
Atrapados en los errores que cometí
Sentía una lanza en cada frase y dolía más
No podía
Ni expresar que tenía dentro
Ya me había acostumbrado a no sentir esto y

Como llegada de repente
Imprevisto e inerte
Sin fuerzas quedé.









Sombras, sombras y sombras

viernes, 2 de agosto de 2019

Zwei

Corrían los días, el estrepitoso alarido de los perros en las noches siempre dada la impresión que algo malo estaba ocurriendo o estaba a punto de ocurrir.No habían días en esa semana de tal mal, las sirenas de los siguientes minutos no anunciaban nada bueno de por si, eran de todos los sonidos el que con más clamor ha de querer pasar entre el silencio de la población en donde vivía. El plano de la noche mirado desde la ventana era una calle con una plaza, llena de el frio y ese pasto casi congelado que estas noches de invierno dejaban reposar sobre sus fauces. Comiendo el tiempo la nada se hacía poco, estaba desprovisto dela realidad que los demás sentían, sentado en la mesa como si nada, con nada en la cara ni nada en las manos, la sola vibración del celular apuntaba a que era propicio hacer algo, desarticular las tantas mentiras que habían, desestimar las cuantas pocas verdades de esa noche, eran imperceptible el cambio porque a distancias lejanas no hay mucho que reportar.
El problema del espacio-tiempo es que para cruzar espacio hay que ocupar tiempo, cosa que para nada beneficiosa, degenera ese sentido de realidad, de control que nada permite que se pueda convertir en un tiempo de gracia sin nadie haberlo sabido de sobremanera, porque la intensidad de esta comunicación casi tan evidente ha prolongado y alargado el hecho de que las diversas formas de actuar y hablar, sean cada vez más fáciles pero más discretas.

No hay ideas claras pero hay claros de ideas.

jueves, 1 de agosto de 2019

Eins

De a medias, vestido con la sola camisa a cuadros que poseía, entregaba un poco de si en cada momento pero como persona natural, tenía que resistirse a los vicios de esta, "ingrata" decía, vida que nos toca vivir, era un reproche que no él mismo se creía, conversaba en la casa, solitario entre esas blancas pero oscurecidas paredes como en cada época de lluvias el sol pasa menos y la entrada del sol desde la única ventana del cuarto, se ve interrumpida por las láminas de plástico transparentemente amarillento. Ingrata era una palabra fuerte para semejante vida, donde, al andar, nada ha de faltarle, pretendía ser algo pero nada era, comprendía la nada que era y el arrepentimiento del tiempo ya se iba, venía con vaivenes cada vez más esporádicos, estos no tenían cabida ya, entonces la destrucción llegó, ¿llegó?, fue un cambio, ímpetu que desde la infancia se había soñado, fue un tiempo de más vaivenes, pero de otro tipo, uno justificado, lleno de incongruencias en aspectos que yo, no  he de conocer. Así pasaron unas semanas que se convirtieron en par y medio de meses de un año nuevo, uno de transfiguraciones, de transformaciones, de más y de menos, parte importante el menos que ha de faltar, ese aunque no menor que los demás, importante es y conlleva un tiempo venidero mejor.

viernes, 31 de mayo de 2019

La Careta

Recocido, la comida de días atrás la que ya estaba bastante desabrida fue la que aquel día tocó comer. Eran días de poca dicha, rememorando cosas que ni se querían rememorar, contemplando las nauseas que esa vida provocaba, desvestía mis días entre una nueva mañana llena de nada, una tarde casi ligera, a veces de volar, con lo justo que se tenía en el bolsillo, y unas noches que sin previo aviso vaticinaban el nuevo día que ya vendría, nada distinto al podrido que ya se iba largando, con la tan ingrata verdad que nunca se aceptó, nunca se soltó ni se pudo vulnerar. Al caer la noche y salir de plano por la soledad y el frío, cruzando la ciudad como si nada importara, era que los pensamientos de desvíos comenzaban a surgir. Nacían de la nada, como si siempre estuvieran ahí esperando un atisbo de insurrección para palpitar cada segundo perdido de un día no tan distinto a la perdida. Esperando algo nuevo salían las tardes, prendiendo fuego a las matas, enrolando un cigarro verde que quitaba de la cabeza cuanto tiempo desperdiciado pudiera haber, midiendo espacio y tiempo de manera más desorganizadamente organizada, con altibajos medios, frenados por la nula compañía, por el reproche de cosas que nunca se imaginaron, cosas que tan imposibles eran sin salir del hoyo en el que las noches de cama no habían ni siquiera podido despejar, porque aunque fuera un templo para parejas, parecía más el mármol solitario de una sepultura, seco, llano, plano, sin temperatura, con un frío abrazador y con un blanco que no dejaba ver la verdad. Entonces las tarde ya parecían noches, el cielo oscurecía más temprano y esa tan impactante vida que acontecía más allá del atardecer, vislumbraba lo que siempre se quiso, un por lo menos atisbo de intensa intención, de vida más allá de la nada, de vida más allá de esos días tan fríos, tan poco fluctuantes, parecían rectas en un espacio, con vectores normales, nada más salido de los común. Ni el resalto de las calles o el cielo negro de la tarde-noche atormentaban tanto como el ocupar horas de viaje, por tiempos de simpleza, nada nuevo o nada que no fuera salido de esa "normalidad" que no debió existir, los altibajos son mejores que una influctuante recta que nada y nada por el espacio, sin bifurcarse, llenarte de vida o llenarte de nada, eso se decide.

Después de tanto, las sombras se han ido, dejando un pasado detrás, las sombras no eran en si sombras, eran una retórica casi metafórica de un desdén que ya pasó.

b

viernes, 29 de marzo de 2019

Onomatopeya del maullido de un Gato

Eran días que recordar y rememorar deseábamos desde el momento en que nuestros cuerpos entablaban una distancia ya poco asumible, una distancia que no daría vuelta atrás hasta que nuevos días contribuyeran a que grandes momentos así, se repitieran. Estábamos ante privilegios que no se nos dan todos los días, por eso las ganas de aprovecharlos, de aprovecharnos el uno al otro, eran más incansables cada minuto, solo queríamos alargar la infinidad de nuestro tiempo junto, que fuera infinita la llegada de las mañanas a tu lado, los medios días de desayunos, las tardes de flojera, las tardes de música, las tardes en donde nuestro danzar y nuestra música tan profunda y llena de placer, dejaran al descubierto ese amor que tanto sentimos el uno por el otro. Que fueran interminables los momentos de miradas eternas, cuando tus ojos miraban los míos y tus dedos tocando mi rostro dejaran entrever en tu rostro ese dulzor de tu alma, esa cálida verdad que nada nunca me había dejado ver, como si siempre hubieras estado ahí, detrás de cajas, detrás de bolsas, detrás de una vida que nos unió, una vida que fue significativa, pero que lo fue más, cuando el destino y las estrellas de esa noche algo llena de vino, nos juntaron en un lugar que ya no existe, pero que fue reemplazado por uno nuevo, uno más grande y lleno de tu cosas, donde vives y donde haces tu vida después de días tan ajetreados.
No olvido cada momento vivido de nuestros tiempo juntos, que espero se extienda por el universo, más allá de este tiempo y del espacio que nos circunda, donde las almas se juntan, como siempre dispuestas a estarlo, con vida que vivir y con amor que amar, con ese amor que nos amamos, con ese calor de nuestros cuerpos, cuando el día se convirtió en noche y cuando la mañana se convierte en tarde, todo el tiempo, segundo a segundo.

Porque con cada caricia y cada gesto, descubrí que estoy hecho de ti,  y para ti.