Por encima del horizonte, donde las estrellas comienzan su letargo infinito, los vaivanes de la razón no encontraban la respuesta. De un momento al otro, las manifestaciones se volvían ténues, no era algo que de verdad quería, no es algo que de verdad sentía, pero el anticipo de las palabras y las cosas que un día nos dijimos, llenas de presentes, de realidades eran un parecer nada desgraciado de los nuevos días. Preparado no estaba para todo esto, solo sentía en la cabeza un dejo de todo, como sí haber vivido parte de la vida, hacía poco razonable el hecho de querer seguir así. Mirando las nubes pasar y el agua caer desde la ventana, las notorias gotas en ella y el frio que se hacía redundante en este nuevo clima, como de un invierno que se aproximaba, ya no desde la estación que nos cubría, sino desde el sentir interno que las manos, los besos y la ausencia de cada uno de estos artefactos de vida, producian en el alma. ¿Era todo esto un sentir verdadero?, en palabras de la verdad, no, solo un sentir después de los sueños, después de mirar con poca reciprocidad las variantes del camino. Era necesario dejar de sentir, pero el sentir también es necesario, como una superposición de estados, en la materia no bariónica. Donde esta juntura de puntos estaban en el mismo lugar pero de distintos estados.
A menudo comenzaba a calmar las ansias con letargos de prosas que se convertían en humo tras el paso del fuego, dejando un estupor en el alma, en la cabeza, haciendo pensar de otra manera las cosas, pero con el pasar del tiempo, el dejo, y el ya vivido de tantos tiempos en estados de trance casi cósmico, fueron un pedazo de vida que se comenzó a dejar de lado, como cambiar o mejorar, como dejar y no reponer, como un día o otro, así se pasaba la vida, como el helicóptero que surca el cielo gris en este momento, y así mismo el efecto de sus ondas, en ese tan llamado Doppler, donde el agudo se vuelve grave o en su correspondiente de luz, el azul se torna rojo. Rojo de pasión, rojo de vida, rojo de sangre y rojo de furia, quizá, y si cae en eso, son solo malas interpretaciones de una realidad que, fue dicha en palabras reales, pero que cada día decantan más y más, dejando las ideas más claras, y a su vez, las prosas más abiertas.
Sombras decían, salir de las sombras, seguir en ellas, salir otra vez y volver a entrar, un limbo quizá intrínseco, en los versos y en lo besos de la vida.
Como, un beso por siempre.
jueves, 14 de julio de 2022
Una idea, quizá dos, pero al parecer, no era ninguna
miércoles, 6 de julio de 2022
Des-
Destinado a lo que ya estaba sucediendo, las nuevas prosas de las palabras se perdieron por el deseo, por ese gusto insaciado. No era mi caso, no era el hecho, solo era la parte aledaña a esta, la que manifestaba las palabras. Pensando en las nuevas desiluciones, consumido por el recaudo que traían las nuevas noches, el intertanto entre cada segundo. se me hacía infinito. vulnerando cada una de las cosas que, creí eran de mi pertenencia. Nada era así. nada era como se creía, el sueño de los puntos que habían nombrado, quedaron solo en palabras impresas en los recuerdos, en las notas o en el simple manifiesto que, en la misma nada fue descubierto.
Desangrado entre las sábanas de la arena, convertido en un atisbo de lo que era, comtemplé las murallas que se creaban, donde desintegrado estaba el corazón, donde destruido estaba esa alma que al parecer era contenida en mi ser, completando las nuevas articulaciones, con un factor inverso, uno que quita, que no deja, avanza pero con una negativa por delante. Ensimismado volvería a los recuerdos como el refugio antes tan anhelado, pero que ahora, refugio imaginario era, un ápice de mi ser tocaba la verdad, que se convirtió en una ola gigante, sin poder detenerla, los habitantes de aquel ser, condujeron a la práctica de un, de no sé qué, el hilo se me perdió, la aguja se clavó y al síntoma de la partida, se consolidó en, quizá un tiempo, donde todo parecía, parecía no ser parecido, parecía, ¿qué parecía?, se parecía a aquella canción de los Stones, "No Expectations", ese era el reflejo que tenía en la cara, un devanado de colores, condecendiente a las calamidades que, en aquella tonada, aparecian. El tiempo se manifestó como un refugio que avanza sin detenerse.
Nunca fuí bueno para los finales.
¿Tendrá todo esto un fin?, o ¿es ese punto de inflexión en donde las congruencias se vuelven incongruentes?, ¿donde las series divergen?, ¿donde las raices no tiene solución en el conjunto?, ¿donde las nociones negativas son las desperdiciadas?, ¿cuál de todas estas? o ¿todas a la vez?, o ¿ninguna?
Las sombras han de comenzar nuevamente a aparecer, después del afelio, después del dejo, después de todo lo ya... terminado.
miércoles, 22 de junio de 2022
¿Superposición?
¡Ay mi bien!
Cuando apelar a las razones no es la realidad tangible, el estrecho que había entre las fauces, solo parecía inmensidad, parecía volver a tener ese desapego de todo, como antes del principio, como antes de cada una de las formas en las que se cobijaron las noches. Desde la primera vez, el atisbo de verdad se convirtió en un punto creciente, donde las razones estaban, donde las palabras no eran solo eso, convertidas en hechos de realidad misma, a veces buena, a veces mala, otras dolorosas y otras llenas de regocijo, con la poca prudencia que tienen las palabras, la mejor forma de decirlas era permitiendo que el dolor solo fuera un reflejo de todo lo que se quería expresar, sabiendo que, nada más real que la verdad, era lo esperado desde el primer momento. Entonces se colmaron los días de refugios, de momentos, de significado, de una alegría que se convertía con cada palabra en un sueño, uno que luchando por el futuro, se haría más realidad día tras día, mirando esos recuerdos del futuro, en donde las cosas, evolucionando tal cual dinosaurios, se convirtieron en máquinas de matar, no se asesinar, sino que de matar los malos tiempos y contemplando lo mejor de esta vida, dejaban solo el pedazo de buenas formas, desechando lo innesesario, para dar paso a nuevos conceptos, nuevos paradigmas, nuevos pedazos de vida y partes de ella, donde el tiempo sin fin, continuaría detrás de todo, y a su vez, más allá, más allá de cada uno.
Superposición
En el estado que dejó el anochecer y la mañana misma, donde la calma ya no estaba presente y los alegatos eran poco remediables, un punto nada del aljido fue el que terminó por dejar entrever, la realidad misma que entre los días se había comenzado a crear. El tiempo era una de las variables, al igual que el espacio. Principales componentes de aquella ecuación, con un valor alto de cada una, pero de momento, su apego a esta ceñida prosa matemática, era poca en contribución. Antes de continuar, decir que cada instante que fuera de verdad, era esperado por la vida, por el alma, porque los días seguían y se cambiaban, se convertían en un fragmentos por recorrer, hasta la llegada misma del tan hermoso y esperado encuentro. Entonces continuando, pasaban los días, ahora en un estado superpuesto, más allá de la materia bariónica que nos compone, más allá del pensamiento en el cual sus días se han convertido. Entonces, ¿entonces?, ¿qué seguiría?, los puntos de realidad misma, estaban ya expuestos, como frases en el frontal de la mirada, por los dichos de sus labios y las miradas de sus ojos. El clima nada inerte afuera, hacía resoplar el viento de manera inconmesurable después de la lluvia de la noche, después de la cálida noche entre las sábanas de polar.
Miré por la ventana y el ver cómo las hojas se caían, era el presente motivo que menos dejaba entre ver, ¿todo se lo va a llevar este mismo viento?, no lo creo, el ancla, el motivo esencial estará presente más allá de lo que estaba, un escondite entre la lúgubre noche, era ese artefacto que tenía en mente, donde esconderse de la lluvia y del frio, era el primer punto en donde quería estar, salir del ojo mirador y llegar a los labios cálidos del sin fin mismo.
martes, 19 de abril de 2022
DPC 3
Así como si todo ya estuviera estípulado, las formas les convergieron en nuevos días. Se tornaron de besos a escondidas, de miedos en las entrada recurrentes a aquel lugar, de los asistentes, trabajadores les llaman. Ellos dos, ocultos entre las variables que atendían los nuevos días, fueron desarrollando ese gusto por el conocer completo del otro, por una piel oculta trás la ropa, por un mensaje entre los resoplidos de la rápida respiración, como si fuera el aire mismo, el contexto que separaba los labios en esos momentos tan agitados, donde las formas les brindaban el placer tan ansiado, el querer que tenían en la mente, ese gustito del por el otro, ese que no se saciaba, porque despúes del primer encuentro, las ánsias por el ser mismo, unido por la sexualidad de sus seres, era el querer más anhelado. Así mismo entre las sábanas, los colores ténues, el temor a esa realidad que tenían antes prevista, la singularidad de la que ya no podían escapar, fue como la gravedad, los hacía tender a acercarse, a mirarse, a no dejarse, a quererse más y más, eran tiempos de buenos tiempos, de buenos momentos, de sus manos en el cuello de ella, en conjunto de los labios unidos por el gusto de sus besos, las manos entrelazadas y esos gestos tan únicos, que admirados por las sombras que sus cuerpos producian al danzar, fabricaron el amor entre los constantes golpes de sus cuerpos, en donde los gemidos y las variaciones de velocidad, contemplaban el placer que deseaban entregar al otro. Eran días de ti, le decía él, eran tiempos de nosotros, le decía ella. como si unidos por el espacio-tiempo, sus vidas estuvieran destinadas a encontrarse, mirándose entre los átomos de sus cuerpos, entre el vacio estelar, entre el calor disipado, pero ellos dos, que frotando su amor contra el otro, producían el querer anhelado, creando esa temperatura que les subía los humos, que los hacía volar, que los hizo revivir, desde la muerte tan implacable y para nada gustosa, de sus antiguos contextos, transformándose en principal actor, el amor, ese que le cambió la verdad, los placeres, las nuevas vivencias y los nuevos días. Desde su pasado punto final, hasta el hasta el presente tan real, las formas se han ido, se han venido, lágrimas han aparecido, verdades y esa sinceridad que desde un principio los caracterisó. Así cuando estaban las cosas en diferentes planos, nada les cambiaba el parecer de sus corazones. Estaban preplejos antes el retumbar de sus corazones, los miraban, poseidos por el amor, por la franqueza y la enseñanza de sus palabras. Estaba todo tan predispuesto, que sus intenciones eran las mismas, que sus realidades a pesar de su distinguible diferencia, estaban siempre próximas a encontrarse, mirarse, amarse, quererse y por sobre el día a día y las personas adyacentes, que solo eso eran, se deseaban y se respetaban. Valores tan intrínsecos, que encontrarlos, tiene el mayor valor de la vida, una realidad que fuera el tiempo mismo, que fuera tiempo y fuera espacio, que fuera ella con él y él con ella. Los dos, juntos entre los recobecos de la ciudad, ocultos de las miradas pero llenos de ganas de mirarse, desnudos en la lejanía de la sociedad, adorando su dulzura y sus latidos, donde sus corazones, formaron solo uno, un corazón de amor.
[Sigue quedando mucho]
viernes, 15 de abril de 2022
DPC 2
Entonces el estrépito se fue.
Resaltando eso "últimos" días de bodega, por lo menos para él, fue que tornándose un tiempo que se les iba, un par de nuevas palabras aparecieron, un par de latidos llenaban el día a día, era todo más grato. Era siempre un día más, un nuevo día más.
[queda mucho todavía]